El agua debe siempre estar muy fría, y para eso no hay excepciones.
Camina descalzo por la vida, sin tapujos ni restricciones; así sale al patio, abre la heladera y hace todas esas cosas que por no ensuciarme los pies, yo jamás hago, ni haría.
"¿Cómo hará para escribir con la izquierda?", me pregunté las veces que lo vi haciendo alguna anotación a mano alzada, y es que siempre me llamó la atención, silenciosamente, cómo harán los zurdos para escribir. No fueron pocas las veces que intenté escribir algo sin valerme de mi derecha, sin éxito alguno.
Observo todo, siempre lo hago y nunca me canso de hacerlo. A veces pienso que nunca voy a terminar de contar sus lunares, es una tarea auto-impuesta, con la que me entretengo de a ratos.
Cada día que pasa creo encontrarle uno nuevo.
No lo sabe. Le miro con ternura las manos y en secreto las apruebo. Es una manía mía, esta de mirarle las manos a las personas, como evaluándolas.
Sus manos son distintas, y me llama poderosamente la atención lo suaves y cuidadas que están siempre; como esperándome, a mi, a mi vista, tal vez a mi aprobación.
O quizá simplemente así sean, lindas naturalmente.
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