Sentí un aluvión de emociones, sentí un nudo en la garganta y unas ganas de llorar que se fueron esfumando en silencio y disimulo.
Sentí que no hacía falta decir nada, que estaba a la vista todo.
Sentí que estaba más aferrada que antes, que tenía miedo -siempre tengo miedo- pero que también tenía el alma y el corazón llenos.
Sentí que los instantes duraban una eternidad, y que en esa eternidad era donde me quería quedar, donde nada podía pasarme, donde me sentía protegida, donde me sentía bien, donde era feliz y el resto de las cosas no importaban.
Sentí que en estos días me había hecho falta enormemente, como si lo hubiera extrañado más de lo normal.
{Recordé los largos ratos en los que me sentí sola en silencio, pensándolo.} Lapsus.
Sentí que estaba donde tengo que estar.
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