domingo, 25 de septiembre de 2011

sía - poe

Mi pelo, marrón, a veces con rulos, a veces tan lacio, otras castaño.
Largas mis pestañas.

Suaves tus manos. Linda tu piel.
Largas las noches, cortos los días,
larga la espera
corta la visita.

Cuántos momentos recorridos, y cuántos
que aún no vivimos.
Me acomodo a tu lado, te quedas dormido
yo con vos, vos conmigo.
Me despierto, y te miro.

Camino por el aire, respiro tranquilidad.
Los pies me tocan el suelo, cuando vuelvo,
y quiero irme
de nuevo con vos,
y otra vez, de nuevo.

Se me alteran
los seis sentidos
te veo, te huelo
te toco y te pruebo
te escucho.
Te siento.





sábado, 17 de septiembre de 2011

dos verdades gigantes y chiquitas:
Somos la suma de todas las personas que hemos conocido.

y

los ojos son el espejo del alma

jueves, 15 de septiembre de 2011

Paranoia onírica

Me dispongo a dormir. Me acuesto, me acomodo, me relajo.

Estando sola nunca me resulta ni resultó fácil. Estando sola me cuesta el doble, nunca logro acomodarme, peleo con la tele hasta que la apago. Me tapo la parte de arriba de la cara, casi siempre. La luz suele arreglárselas seguido para molestarme y no dejarme cerrar los ojos tranquila.
Estando ahí, la cama me absorbe. El sueño, los sueños, me absorben.
Me duermo, y ese sueño, esos sueños, me llevan lejos. Vaya uno a saber dónde vamos cuando dormimos. Yo no me creo que la mente se duerma, estoy convencida que a algún lado, nos lleva.

Hace unos días, algo extraño sucedía en cuanto a la ventanita de la puerta de mi departamento. Me daba terror e impotencia.
Cuando dejaba la puerta cerrada, al rato, aparecía abierta. Cuando cerraba la pequeña cortina americana -que cubría esta ventana-, luego solía aparecer abierta.
Estaba sumamente desprotegida. Aún cuando alguna amiga venía de visita, y dejábamos la puerta cerrada, ésta se abría. Una vez llegué hasta a ver una escoba, atravesándose, impidiendo que mi puerta se cerrara.

Desde la mesa donde comía, podía ver la abertura de entrada con su ventana. Podía verse, del otro lado del pasillo, la puerta de mi vecino de enfrente, con su respectivo tragaluz. El suyo, no tenía cortina.
Cada vez que me disponía a mirar a través de mi ventana, lo veía a él, a mi vecino, mirando a través de la suya, espiando, espiándome. Miraba por su ventana, buscando noticias mías, buscando saber qué hacía. Esta situación me llenaba de susto hasta lo más profundo.

Mi vecino era viejo, poco se sabía de él. Vivía con su mujer y su nieto. Él tenía poco y blanco pelo, y unos lentes de marco grueso y negro. Nadie salía de ese departamento, exceptuando al nieto, un pibe desgarbado, flaco, de pelo marrón cortito y tez blanca. Desconocía sus nombres tanto como quizás, ellos el mío.

Era indefectible, cada vez que mirara mi ventana, iba a verlo a él del otro lado. Claro está, que cuando me detectaba, se corría de ahí, seguía en lo suyo, intentaba disimular.
Mientras tanto, yo vivía atemorizada, me sentía ultrajada.
Estaba constantemente agitada, y a quienes entraran, los hacía pasar rápido y repetía "cierren bien la puerta", poniendo las 3 trabas que tenía.

La última vez que lo ví espiando fue ese día que después salí, a hacer compras como hacía a veces. Cuando volví, me desayuné con la noticia de que mi vecino, había muerto. Ví como lo sacaban del edificio, cubierto con una sábana blanca.

Llegué a mi piso, la puerta de mi departamento estaba abierta; una vez más, como casi siempre.


Y me desperté.



miércoles, 7 de septiembre de 2011

Deconstruír algunos mitos.

Ni el amor es un sin-fin de momentos felices, ni menos está teñido de rosa. Creo que de todas las artes, la del amor es la más compleja y enredada, las personas así lo somos, un mundo por sí mismas. No iba a ser menos fácil el quererse.
Los finales felices no vienen solos, aprendí que los hace uno, si es que así tiene ser.
No todas las personas manejan los mismos códigos, ni conceptos, ni menos que menos se manejan o comunican de igual modo.

A papá y mamá, sólo llegas a conocerlos con el paso del tiempo, cuando se rompen las barreras esas pseudo-imaginarias e inocentes en las que uno está sumergido cuando es chico, y de "más grande" te das cuenta quién y cómo es cada cual.

Los amigos verdaderos, son esos que -se- quedan en el colador cuando el tiempo, el viento, las tormentas y huracanes de la vida pasan por sobre nosotros. Son los que se quedan con vos aún cuando se te dio vueltas el paraguas o se te inundó la cabeza. Son los que te quieren a pesar de ser como sos y a pesar de todo. Son esos seres de luz especiales que te iluminan cuando ves todo oscuro.

La subjetividad atraviesa y tiñe todo lo que vemos, es lo que somos. Todo está hecho, escrito, dicho, armado, por personas, por personas que piensan de alguna u otra manera, por personas que sienten, que a veces pueden estar felices, y otras tristes, personas que viven pérdidas y también triunfos.

Es absurdo hablar de objetividad, nada es objetivo, nada. Vivimos a base de subjetividad y conceptos o valores preexistentes, y nada es como es por el mero hecho de serlo.
Más que objetividad, deberíamos impregnarnos un poco de libertad a la hora de pensar, y así dejar fluir la propia subjetividad.

Como dijo un Juan que conozco muy de cerca y también de lejos, cuando preguntaron en una reunión de padres de jardín de su hija "Qué es lo que esperan que sus hijos aprendan ?": que le enseñen a pensar con libertad.


La cabeza, el corazón y los sentidos, abiertos y a la par.

martes, 6 de septiembre de 2011

Cara y cruz

Viste cuando sabes que algo te pasa, pero no sabes qué -carajo- es.

Sentís un agujerito en el pecho, que pasa hasta la espalda, uno hasta puede ver a través de él. Mientras me miro al espejo, mientras miro ese agujerito, ese espacio vacío que no logro llenar, ni sé cómo hacerlo tampoco, me miro también a los ojos, fijo. Pienso en qué habrá adentro de mi cabeza. Me miro las facciones, también las manos, los hombros. Me miro fijo. Me inspecciono.

Qué veo cuando me miro me es difícil de entender y más aún de explicar, porque una cosa es mirarme y otra vivir adentro mío.
Me desdoblo fácilmente, y por momentos, en varias personas, aún siendo todas una. Aún siendo todas yo.
Me habla Matilde, la que se siente inteligente, la que le gusta escribir, es bien-hablada, lee mucho, la que se siente intelectual en alguna parte suya e intenta hacer todo lo mejor posible, perfeccionista de pura cepa; cuando Matilde la que se pone tan mal por todo, la que no puede lidiar ni con ella misma, ni con el tiempo, ni con el día, ni con el clima, ni con el espejo -a veces-, ni con la vida, ni qué hablar de amores, la interrumpe, se interpone, nunca la deja terminar de hablar; la desdibuja.

Les pedí que se callen; si hablan mucho, no me dejan escuchar.
Y cuando no escucho, no puedo hablar. Y aparece mi peor enemigo por estos tiempos, el silencio. El silencio me duele más que mil palabras, el silencio me pesa. Es la contra-cara a todo lo que dejo salir de mi cuerpo, más allá de las más básicas necesidades del mismo.

Mis silencios son palabras que me trago, que no digo, que dejo pasar sin dejar pasar. Mis silencios se transforman después en faltas, en ausencias, en reproches nunca dichos, en eternas lágrimas de noche, en absurdas tristezas, en mares de dudas, en empachos no curados, en abrazos nunca dados.
Mis silencios serán quizá entonces, mi peor y más sutil manera de hacer sin decir, de hacerme a mí misma. De hacerme agujeritos.


No hablar es perjudicial para la salud.

martes, 30 de agosto de 2011

Si no muere, mata.

Hoy las palabras me las meto en el culo, y métanse en el culo las mías. No tengo ganas de hablar.

No tengo ganas de que me hagan preguntas, ni de dar respuestas.
No tengo ganas de escuchar comentarios que me ponen de malhumor.
No tengo ganas de escuchar explicaciones, ni mucho menos ya, de escuchar comparaciones sobre quién es grande o maduro y por qué.
No tengo ganas de saber cosas que no tengo que, ni quiero saber, de cómo tenía el pelo tal o cual, o como era el peinadito de fulanita.
No quiero saber quién estuvo con quien, ni nada por el estilo.
Mi memoria lo agradece.

No quiero que nadie me de explicaciones sobre "el amor", qué es para cada uno tal o cual cosa, hoy no tengo ganas de escuchar.
No quiero que nadie me venga a decir que "no hace" cosas que en otro momento, sí hizo. Me seca las neuronas y las ganas.

Todas las personas son iguales cuando buscan agradar. Y eso me da asco.

No me interesa el pasado de nadie.
Me altera y me rompe las pelotas el pasado, el tuyo, el mío, todos. No quiero saber nada que no necesite saber!