Ya casi pasó mi mes de vacaciones. Pasaron mis días solitarios de renovación mental, pasaron mis días de mucho mucho tiempo libre, pasó un 'día del amigo' y pasaron unos bellos cumpleaños.
Pasé mis días leyendo mucho, me ocupé de cosas que tenía olvidadas o archivadas, volví al ejercicio de escribir, saqué conclusiones, tuve sueños, y me reconforté, pequeñas lágrimas mediante, de estar donde estoy.
Pienso que soy medio cachivache, pero me quiero así.
Me amigué un poco más conmigo misma, y sumé unos granitos de arena al aprendizaje sobre mí, y al mirarme con otros ojos.
Quise a los que quiero, un poquito más todos los días, y pasé largos ratos pensando en dónde estaba hace un año atrás y me prometí no volver {y por sobre todo, no volver a descuidar a los que quiero}.
Me dí cuenta de algunas cosas que me molestan, y de algunas cosas molestas que hago; diferencié cuándo me hacen enojar y cuándo me enojo sola.
Miré a todos con otros ojos; aprendí a reírme muchísimo con Sofía y a ponerla en una cajita de cristal para cuidarla de todo, aprendí que mi papá es hermoso y mi mamá también, y que me gusta decirles que los quiero; aprendí que sólo tuve que conocer más a Lautaro, y conocerme más a mí, para entenderlo, {más y mejor}.
Disfruté de todo, como nunca.
Aprendí que un mes de respiro, puede ser 100% reparador. Y mañana, quisiera despertarme y que sea nuevamente 1° de julio, y mis vacaciones estén recién comenzando {de nuevo y de nuevo} ...