martes, 6 de septiembre de 2011

Cara y cruz

Viste cuando sabes que algo te pasa, pero no sabes qué -carajo- es.

Sentís un agujerito en el pecho, que pasa hasta la espalda, uno hasta puede ver a través de él. Mientras me miro al espejo, mientras miro ese agujerito, ese espacio vacío que no logro llenar, ni sé cómo hacerlo tampoco, me miro también a los ojos, fijo. Pienso en qué habrá adentro de mi cabeza. Me miro las facciones, también las manos, los hombros. Me miro fijo. Me inspecciono.

Qué veo cuando me miro me es difícil de entender y más aún de explicar, porque una cosa es mirarme y otra vivir adentro mío.
Me desdoblo fácilmente, y por momentos, en varias personas, aún siendo todas una. Aún siendo todas yo.
Me habla Matilde, la que se siente inteligente, la que le gusta escribir, es bien-hablada, lee mucho, la que se siente intelectual en alguna parte suya e intenta hacer todo lo mejor posible, perfeccionista de pura cepa; cuando Matilde la que se pone tan mal por todo, la que no puede lidiar ni con ella misma, ni con el tiempo, ni con el día, ni con el clima, ni con el espejo -a veces-, ni con la vida, ni qué hablar de amores, la interrumpe, se interpone, nunca la deja terminar de hablar; la desdibuja.

Les pedí que se callen; si hablan mucho, no me dejan escuchar.
Y cuando no escucho, no puedo hablar. Y aparece mi peor enemigo por estos tiempos, el silencio. El silencio me duele más que mil palabras, el silencio me pesa. Es la contra-cara a todo lo que dejo salir de mi cuerpo, más allá de las más básicas necesidades del mismo.

Mis silencios son palabras que me trago, que no digo, que dejo pasar sin dejar pasar. Mis silencios se transforman después en faltas, en ausencias, en reproches nunca dichos, en eternas lágrimas de noche, en absurdas tristezas, en mares de dudas, en empachos no curados, en abrazos nunca dados.
Mis silencios serán quizá entonces, mi peor y más sutil manera de hacer sin decir, de hacerme a mí misma. De hacerme agujeritos.


No hablar es perjudicial para la salud.

2 comentarios:

  1. esto me hace acordar mucho a Rafa Gorgori cuando las voces le hablan, je.
    Muy buena descripción de la fantasía de la soledad; hay gente que empieza con "querido diario", vos le metes espejo y lápiz...ta bueno.
    Besos,nena

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